El presente entre columnas

by | Jun 6, 2025 | Opinión

La palabra “presente” encierra una de las realidades más profundas y potentes de la existencia humana. A menudo, vivimos mirando hacia atrás, cargando memorias, culpas y glorias de un pasado que ya no existe más que en el recuerdo. Sin embargo, si el propósito es proyectarnos hacia el futuro, el pasado no significa nada sin la transformación que sólo puede realizarse en el ahora.

El presente es el único tiempo real que habitamos. Todo lo demás —el pasado y el futuro— es sólo anticipación o memoria. Sin embargo, se teme al presente porque es incierto, abierto e inacabado. Aquí no hay respuestas definitivas ni garantías. Vivir en el presente es habitar el vértigo de lo real, y por eso, muchas veces, el hombre moderno huye de él.

Pero es precisamente en el presente donde se produce la transformación, donde se puede amar, crear, discernir, decidir, perdonar y actuar. Solo en este tiempo el ser humano es verdaderamente libre. En este lienzo se escribe la historia personal, se toman decisiones y se construye una identidad auténtica.

Esta es también la reflexión que proponemos al considerar el estado actual de la Respetable Logia Valparaíso 202. En la celebración de sus veinte años de existencia, nos enfrentamos a la pregunta crucial: ¿en qué estamos hoy como taller francmasónico? ¿Somos coherentes entre lo que declaramos, pensamos y hacemos?

Esta pregunta surge desde la necesidad urgente de reflexión, especialmente cuando proclamamos buscar el perfeccionamiento personal y la mejora de nuestro entorno social. No se trata aquí de la masonería en general, sino de los trabajos concretos de nuestro taller, de la vida que late en sus columnas.

En este contexto, resulta fatal quedarnos anclados en los laureles del pasado. Si bien podemos sentir legítimo orgullo por el legado de nuestro trabajo, no podemos quedarnos mirando atrás, corriendo el riesgo de convertirnos en estatuas de sal. La historia, por gloriosa que sea, no asegura el porvenir. Sólo el presente vivido conscientemente puede proyectarnos hacia un futuro significativo.

Hoy, nuestro taller se enfrenta a un mundo que ya no se parece a aquel que lo vio nacer. El contexto actual de la francmasonería, tanto nacional como internacional, es radicalmente distinto al de otras épocas en que los masones fueron protagonistas de revoluciones, luchas por la educación, por los cementerios laicos o por la independencia de los pueblos. Hoy, pareciera que la masonería es socialmente aceptada, incluso decorativa en actos oficiales. Pero esta aparente comodidad debería hacernos reflexionar con más urgencia.

Valparaíso, Chile, América, el mundo entero, requieren de hombres libres y conscientes que trabajen por su mejora y la de sus comunidades. Nuestro taller, entonces, debe evitar la tentación de convertirse en un remanente pasivo de un pasado glorioso. Debemos ser un presente en acción, un presente comprometido, con visión crítica y constructiva.

Vivir el presente, para un masón, debe ser un acto de rebeldía en un mundo que idolatra la velocidad, la acumulación y la productividad. No se trata de hacer más, sino de estar más. Estar verdaderamente presente implica valor: para enfrentar preguntas incómodas, vínculos rotos, sueños postergados. Ser presente es asumir la responsabilidad de nuestra existencia aquí y ahora.

En este escenario, nuestra Logia Valparaíso 202 se alza como un espacio donde la fraternidad no es una consigna vacía, sino una experiencia viva. La diferencia se vive como riqueza, la diversidad como una oportunidad, y la reflexión como un ejercicio cotidiano. Este presente nos exige tolerancia activa, pensamiento crítico y un compromiso ético que no se queda en el discurso.

Desde esta lógica, nuestro trabajo actual se ha orientado a comprender los desafíos reales de nuestro tiempo: la inteligencia artificial y sus implicancias democráticas, la necesidad de integración latinoamericana, la transformación de nuestras ciudades y los efectos de la deshumanización moderna. Y no hablamos solo desde lo teórico: cada uno de nosotros lleva estas discusiones a sus espacios de trabajo y comunidad.

Porque estamos convencidos de que la masonería no puede ni debe permanecer al margen. Si nuestras sociedades se ven sometidas al dictado de supuestas leyes de mercado, si los niños son educados por pantallas desde su infancia, si se pierde el sentido de comunidad, entonces nuestro deber es ofrecer una alternativa de convivencia basada en valores humanos profundos, no en la ilusión de un tiempo por venir, sino en la conciencia del ahora.

Lo que hacemos hoy importa más que nunca. No soñamos con un futuro etéreo, porque para soñar hay que dormir, y nosotros estamos despiertos. Nuestra labor no es construir catedrales de piedra, sino estructuras de vida común más justas, más humanas. La fraternidad, el respeto, la tolerancia, el compromiso, no son solo palabras: son prácticas diarias, silenciosas y a veces invisibles, pero absolutamente necesarias.

Así, el presente no es un instante entre segundos, sino una disposición espiritual. No se alcanza, se permite. Y en nuestra Logia se cultiva esa actitud. El presente es donde se pule la piedra bruta, donde se confrontan ideas, donde se cuestiona para descubrir verdades más profundas. Porque el presente es acción, y Valparaíso 202 no es espectadora: es conciencia activa.

Como advirtió Sábato citando a Berdiaeff, el Renacimiento, pese a sus nobles intenciones, terminó en la deshumanización por obra de dos fuerzas amorales: el dinero y la razón. Nuestro taller, por el contrario, no idolatra ninguna de ellas. Celebramos el éxito profesional, valoramos el desarrollo intelectual y tecnológico, pero no confundimos eso con el sentido último de nuestra existencia.

Nos une un humanismo que reconoce la razón, pero también lo intuitivo, lo estético, lo sensible. Reconocemos que el progreso material debe ir acompañado del respeto por la naturaleza, que la acción humana debe tener sentido y que el individuo solo se realiza plenamente en el esfuerzo colectivo.

En resumen, creemos que el presente es el único espacio donde la libertad, la fraternidad y la justicia pueden hacerse realidad. Nuestro legado está vivo solo si se manifiesta hoy, en cada reunión, en cada decisión, en cada acto consciente. Por eso, trabajamos por un presente lúcido, comprometido, profundamente humano.

Porque solo así, desde el presente, podemos sembrar el futuro.

Julio Prischtt Nuñez

Jorge del Campo Hitschfeld

Juan Luis Silva Araya

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